Tuesday, May 20, 2008

Una tarde en el sofá cafe, y un dolor de cabeza

Dentro de la puerta de la cochera, con una cortina metálica, cayó, tenia una maleta llena de sus libros, historias y cuadernos, diarios y descubrimientos.
Parecía Einstein, pero en el cuerpo de Indiana Jones y con las ideas de Davinci, era mi percepción de el, no podía admirarlo más, y cayó unas escaleras empolvadas, delgadas hacia un abismo sin final. Era como un hueco en el piso que tenia unas escaleras escurridizas en los costados, parecía mas bien un pozo, solo que no estaba mojado, todo era seco y lleno de polvo.
Estaba con alguien no recuerdo su rostro, pero se que dudo en el momento de bajar, me ofrecí, pedí luces fluorescentes y una linterna propia, entonces con un semigancho en la mano y una mano desnuda empecé a descender casi me caigo al resbalarse el gancho, y finalmente llegue a donde estaba el, con el pelo lleno de polvo, atorado sin poder moverse, sin poder salir ni poder bajar, pero no parecía asustado, parecía que estuviera esperando ese momento hace años, y que justamente llevara todas sus cosas en la maleta ese dia para que aquel que lo rescatara pudiera seguir su legado.
Después de tranquilizarme el a mi, decidí pedir ayuda, y súbitamente aparecieron en la escalera polvorienta mi hermano y una tercera persona de manos largas y estiradas, creo que le faltaba un diente.
Empezamos a subir artículo por artículo, para alivianarle el peso, para eventualmente subirlo, y cada vez que le quitaba un artículo de su bolso, a su elección, me daba una pequeña frase en el oído y parecía como si hubiera descansado internamente, como si descargara mil cosas que tenia adentro. Parecía dejándome un legado de maldiciones, de miles de kilos en la espalda por conocer algún secreto de sus libros. Cuando los últimos ítems fueron removidos el había envejecido los 20 años que siempre le faltaron a su edad y 10 más. En ese momento comprendí que el no iba a salir de ahí, que lo iba a ver por ultima vez atrapado en esas escaleras pero por primera vez con una sonrisa de tranquilidad en la cara.
No fue angustiante, todo lo contrario, estaba tranquilo que el iba a morir como el aventurero que siempre me imagine que fue cuando joven. Entonces decidí seguir su legado, sus investigaciones o cualquier persecución de conocimiento que hubiera en su vida, había encontrado en el momento final de su vida alguien que la iba a seguir y el lo sabía.
Entonces les dije que era hora de subir, de trepar de nuevo y volver a mi nueva vida elegida. El sin dientes subió y se perdió en la luz del sol y mi hermano y yo empezamos a subir, lentamente sentimos que éramos de nuevo los dos, explorando, como esas tardes en los bosques de Sopo, explorando y buscando la pequeña flor verde brillante.
En el momento que llegué a la cochera de nuevo, vi que había unas 5 personas más, entre ellas la madre de Alejandra, entre ellas otras cuatro sombras que no soy capaz de diferenciar, y los conocimientos a perseguir estaban todos ordenados sobre una mesa, una mesa dentro de la cochera, con la cortina cerrada, solo había una luz de 80x100 cm para escapar, y sentí un viento detrás de mi, su olvido y sus ganas de morir hicieron que toneladas de tierra subieran por el pozo para tapar todo, para olvidar todo, y yo supuse, desde abajo que todos esos conocimientos ya estaban a la salida de la cochera, que estaban en el patio de Calatraba, enfrente de la casa de Rodrigo.
Me desilusioné cuando subí, sabia que para ellos no había sido claro que todo iba a ser enterrado bajo el lodo, y cuando cerré los ojos para parpadear, sentí si ultimo aliento, soplando hacía arriba y dejándome saber que todo había terminado bien, que todo era como el lo había planeado, pero no me dio tiempo para decirles a todos que era necesario sacar todos los libros. Mi hermano había salido de la cochera, y yo mirando la luz de la puerta gritaba, IDIOTAS, MALDITOS IDIOTAS. Asomé mi cabeza por la persiana para escapar y me empujo entonces una avalancha de tierra blanca y negra hacia el pasto.Entonces vi morir a las sombras, al sin-diente, y solo recupere un par de los libros, un cuaderno y una caja de metal que abriré una vez retiremos los escombros y enterremos a los muertos. Mi hermano no me dijo nada, supe que el había entendido lo que me había pasado, sabía de alguna manera que mi vida iba a cambiar de ahora en adelante, y entendió mi reacción.

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