cadenas de perdición
Los ojos seguían redondos, la piel seguía como la de un lagarto, y mis parpados estaban secos como un jean seco, recién lavado sin suavizante.
Anoche encontré una nueva perfección, el horizonte de alguna manera se alargo, mientras que los techos se sienten mas altos.
Pude perderme en una secuencia de 4 lunares, en lo denso pesado de tu pelo negro, en el, inicialmente, desconocimiento de tu nombre, en el misterio de tus manos.
Me empujaste hacia una pared y mi cabeza rebotó, depronto esos ojos, esos ojos rasgados me mantuvieron pegado al papel de colgadura verde con flores marron y carmesí. Fueron cadenas que se desprendían un milímetro cada vez que parpadeabas, hasta que de nuevo podía colgar mis labios de tu respiración.
Fuiste dejando un poco de polvo en mi camiseta, los hombros negros por tus manos colgadas, mis manos llenas de puntos blancos y color verde se derretían suavemente y caían lentamente hacia tu ombligo.
En tu inmutable ombligo me encontré encerrado, mirando a la inexistencia del techo y a la cercanía del horizonte, y hallé que en ti finalmente soy el mismo, soy mi mismo, encerrado en tu ombligo con ganas de recorrerte.
Me pierdo de nuevo en mensajes con nubes, desayunos, extrañezas.
Me gusta perderme y ahora me pierdo en ti.
Me pierdo en la busqueda de tu lacrimal, en la busqueda del fin de tus ojos, me pierdo en tus 4 uñas pintadas y tus pies sucios, llenos de tierra. En esa mancha, esa mancha que parece una gota de tinta que cayó en un papel desde el techo.
Dejame seguir perdido en tu piel, en tus labios, en tus palabras.
Sigueme, yo tambien estoy perdido

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