4 en 1
Hace tiempo no me sentía tan acompañado en el silencio de una canción en sueco, un libro de cocina, un esfero rojo anotando recetas de cocina y una ceguera en las manos.
Un saco rojo que esconde un corazón frágil y precioso, unos pantalones beige que esconden una ternura y una madurez incalculable y unos audífonos que trabajan una pasión y un corazón de niño.
Unas medias lilas que protegen, una inquietud por ansias, una mirada estable con seguridad.
Una compañía silenciosa, dubitativa, estudiosa, creativa. Un espacio ínfimo, con cuatro corazones trenzados por una pasión y un vicio. Por una mala elección.
Muchas dudas, cocina, fama, literatura, comodidad, unión olores.
Silencio complicado, comentarios.
El pecho descubierto, el orgullo descubierto, el corazón descubierto. Solo cuatro, dos con medias.
Ropa cuelga, zapatos en el piso, dulces y unas cobijas azules que nos unen.
El reloj quieto en la pared a las 5:45 hace cucu lentamente y nos marca la 1 de la mañana, y estamos todos con los ojos pendientes de nuestra propia alma, estamos los cuatro pendientes de los otros corazones.
Y acá nos quedamos, con el ventilador sonando, irregularmente sobre nuestras cabezas, el aire en oleadas pegando sobre la piel, la puerta rechina, sabemos que hay un ser probablemente azul que entro a un cuarto cercano a nosotros, pero no lo atendemos, no suponemos que haya nada mas afuera, no por ahora. Es suficiente estar tranquilos y moviéndonos en nuestros propios cuerpos.
Olor a tabaco extraño, olor a ropa recién lavada y la ventana abierta. Una araña atrapada por una pata y ocho ojos encima de ella, uno por pata… claro a mi me toco la pata que esta atrapada, ese siempre soy yo.
Un brillo en la pared, como arena de playa amarillenta, una pared verde pollito (o algo así), las cobijas azules en varias tonalidades. Todas las puertas abiertas, la madera se mueve lentamente
Mientras tanto hablamos de células, acidez, pH, yemas de huevo de cacao, pectinas de alto metoxilo, y la conversación parece tratarse de cosas tan cotidianas y de todos los días.
Me doy cuenta que tengo una puerta de arena, protegiéndome, una puerta de arena brillante de playa.
Por otro lado está este nuevo horizonte que se mueve en mi estomago, que acecha mis intestinos hasta el punto de convertirlos en pequeños seres amarillos que luchan con kung-fu.

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