Thursday, October 22, 2009

dosis personal

No estoy aqui ahora, estoy alla y despues.

Movimiento armonico simple, rechinchillante, que da miedo de caerse, cuelgo sobre mi cama en tela blanca y me muevo de derecha a izquiera y al revez con ligeros cambios de elevacion.
Entonces lentamente el movimiento se detiene, el ruido se hace mas leve.
y yo sigo alla, en un largo despues, en un largo futuro, yo sigo siendo ese mas tarde.
Entonces el viento que entra por la ventana me llena la cara de olores a naturaleza y moscos.
trato de cerrar mis ojos y rebotan instantaneamente, y cuando los cerre ayer, al lado de tu mejilla se quedaron tranquilos.
Un cafe a gotas, una dosis personal legal, una caminata ilegal, un tiempo infinito para compartir, y un viaje al sur,
Un viaje a la comodidad del frio, a la cercania de la montagna.
De nuevo pierdo mi paciencia esta magnana en tus manos arrugadas y ese lunar en tu espalda que no volvi a ver. Y me siento como mousse de chocolate mal hecho, crema montada, claras montadas y el chocolate agregado despacio, pero batido con energia unica. Para que tomarse el trabajo de montar la crema y las claras si al final vienes con un tenedor y bates todo como si fuera un cafe.
Revuelveme con cucharita de te lentamente, has que me siga perdiendo en tus ojos,.

1 Comments:

At October 22, 2009 at 7:48 PM , Anonymous Anonymous said...

new yorker angel...
te regalo este fragmento de "primavera negra" de Henry Miller:

Uno pasa imperceptiblemente de una escena, una edad, una vida a otra. De repente, al caminar por una calle de New York bien sea real o soñada, uno se da cuenta por primera vez que los años han volado, que todo esto ha pasado ya para siempre, y que sólo permanecerá en el recuerdo; y entonces el recuerdo se mete más adentro con una extraña y absorta brillantez, y uno repasa esas escenas y esos acontecimientos perpetuamente, en sueños y meditaciones, mientras camina por una calle, mientras se acuesta con una mujer, mientras lee un libro, mientras habla con un desconocido... de repente, pero siempre con una extraordinaria insistencia y siempre con una extraordinaria exactitud, estos recuerdos se entremeten, surgen como fantasmas y penetran en cada fibra del propio ser. En lo sucesivo, todo se mueve en niveles cambiantes: nuestros pensamientos, nuestros sueños, nuestras acciones, nuestra vida entera. Un paralelogramo en el que caemos desde una a otra plataforma de nuestro escenario. De aquí en adelante caminamos divididos en millares de fragmentos, como un insecto con cien pies, un ciempiés con movimientos suaves y ondulantes que se embebe en la atmósfera; caminamos con filamentos sensibles que se embeben ávidamente del pasado y el futuro. Y todo se derrite en músicas y penas; caminamos contra un mundo unido, afirmando nuestro desacuerdo. Cuando caminamos, todas las cosas se rompen con nosotros en millares de fragmentos iridiscentes. La fragmentación de la madurez. El gran cambio... Cuando esa puerta se abría para darnos una sofocante visión del mundo, quizás entonces, quizás, tuvimos la primera indicación del gran impacto del pecado, la primera señal de que aquí, sobre estas mesitas redondas que giran en la luz, mientras nuestras manos tocan el frío pie de una copa; que aquí, sobre estas mesitas redondas que más tarde veremos con tanto anhelo y reverencia; que aquí, repito, sentiremos en los próximos años el primer hierro del amor, las primeras manchas de óxido... y todo el aire se vuelve azul y sulfuroso... mientras arriba, en el puente de Brooklyn, un hombre está parado desesperado, esperando para saltar, o esperando para escribir un poema, o esperando que la sangre salga de sus arterias, porque si llega a avanzar un paso más, el dolor de su amor lo matará. Eran exactamente las siete y cinco en la esquina de Broadway y la calle Kosciusko...

 

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